miércoles, 1 de enero de 2020
domingo, 1 de octubre de 2017
Un Etrog del Paraiso
(Extraído de Maase Abot, Relatos Jasídicos, © Edit. Benei Sholem)
Era el primer día de Sukkot (la Fiesta de las Cabañas) y todos los congregados en el Beit Hakneset del santo Rabí Elimelej de Lizensk estaban impregnados de un espíritu festivo singular.
Se sentía el Iom Tov en el aire.
Se sentía el Iom Tov en el aire.
Rabí Elimelej se puso de pie en el "Amud" (púlpito) para comenzar a recitar el "Halel" pero se interrumpió. Todos los ojos se volvieron hacia él. ¿Por qué se detenía tan súbitamente en medio de su vaivén, mientras empujaba firmemente el Etrog en sus manos? ¿Y por qué no proseguía con el servicio en su manera habitual? Era evidente que algo le preocupaba. Algo muy emocionante, a juzgar por la mirada de su radiante rostro.
Rabí Elimelej se dirigió a su hermano, el santo Rabí Zushe, quien había venido a pasar la festividad con él, para decirle ansioso: -¡Ven y ayúdame a encontrar el Etrog que está impregnando toda la sinagoga con la fragancia del Jardín del Edén!
Y juntos fueron recorriendo el lugar, hasta llegar a un rincón del Templo. Allí estaba parado un individuo de aspecto tranquilo evidentemente sumido en sus pensamientos.
-¡Es éste! -dijo Rabí Elimelej, encantado. Y dirigiéndose a él le preguntó:
-Por favor, querido amigo, dígame quién es y adónde consiguió ese magnífico Etrog.
El hombre, con expresión sobresaltada por la inesperada pregunta, replicó lentamente, eligiendo con cuidado sus palabras:
-Con el debido respeto, Rabí, es una larga historia. ¿Quiere sentarse y escucharla?
-Por favor, querido amigo, dígame quién es y adónde consiguió ese magnífico Etrog.
El hombre, con expresión sobresaltada por la inesperada pregunta, replicó lentamente, eligiendo con cuidado sus palabras:
-Con el debido respeto, Rabí, es una larga historia. ¿Quiere sentarse y escucharla?
-¡Por supuesto que sí! -contestó el Rabí Elimelej.
-Estoy seguro que será una historia que vale la pena oír.
-Mi nombre -comenzó el hombre de aspecto tranquilo- es Uri, y vengo de Streslisk. Siempre he considerado la bendición del Etrog como una de mis Mitzvot favoritas. Como soy un hombre pobre normalmente no podría darme el lujo de comprar un "Etrog" según mis deseos, pero mi joven esposa está de acuerdo conmigo en su importancia y me ayuda trabajando de cocinera, así se independiza económicamente de mí.
-Estoy seguro que será una historia que vale la pena oír.
-Mi nombre -comenzó el hombre de aspecto tranquilo- es Uri, y vengo de Streslisk. Siempre he considerado la bendición del Etrog como una de mis Mitzvot favoritas. Como soy un hombre pobre normalmente no podría darme el lujo de comprar un "Etrog" según mis deseos, pero mi joven esposa está de acuerdo conmigo en su importancia y me ayuda trabajando de cocinera, así se independiza económicamente de mí.
Estoy empleado como maestro en la aldea de Yanev, que no queda lejos de mi ciudad natal. En general uso la mitad de mi salario para nuestras necesidades y con la otra mitad compro un "Etrog" en Lemberg. Pero, para no gastar dinero en el viaje, generalmente voy allí a pie.
Este año durante los Diez Días de Retorno (Aseret Iemei Teshuvá) entre Rosh Hashaná y Iom Kipur caminaba hacia Lemberg con cincuenta monedas en mi bolsa, con las cuales compraría un "Etrog". Cuando atravesé el bosque me detuve a la vera del camino para comer algo y descansar. Como era el momento de rezar Minjá, me dirigí hacia un rincón y oré.
Estaba en la mitad de Shemoné Esré (oración silenciosa de "19 bendiciones") cuándo escuché quejas y lamentos, como de una persona en agonía. Instintivamente supe que era judío, aunque el hombre no había dicho una sola palabra inteligible. Me apuré en terminar mi plegaria para averiguar que ocurría y ver si podía ayudar en alguna forma.
Cuando me volví hacia el hombre, que estaba en evidente zozobra, contemplé a una persona singular y de aspecto tosco, vestido con ropas de campesino, con un látigo en sus manos, contando sus penas al cantinero.
De su perturbador relato, más incoherente aún por lo sollozos intermitentes, pude entender que el hombre era un pobre judío que se ganaba el pan como carrero. Tenía esposa y varios hijos y apenas al ganaba lo suficiente para poder vivir. Y ahora le había ocurrido una terrible calamidad. Su caballo, sin el cual nada podía hacer, se había desplomado repentinamente en el bosque, no lejos de la taberna y se quedó allí sin poder levantarse.
Yo no podía soportar el verlo tan desesperado, y traté de consolarlo y asentarlo, diciéndole que no debía olvidar que hay un Di-s sobre nosotros, y que él siempre podía ayudarlo en su infortunio, por más grande que le pareciera.
El dueño del bar, conmovido por la historia del carrero le dijo: -Le vendo otro caballo por cincuenta monedas, aunque le puedo asegurar que vale por lo menos ochenta. Pero quiero ayudarlo en su dificultad.
-No me haga reír -replicó el carrero amargamente. -Ni cinco monedas siquiera tengo y me dice que puedo comprar otro caballo por cincuenta.
Sentí que no podía guardar el dinero para el "Etróg" cuando había un hombre en una situación tan desesperante.
Sentí que no podía guardar el dinero para el "Etróg" cuando había un hombre en una situación tan desesperante.
-Dígame cuál es el precio más bajo que aceptaría por su caballo, le dije. El cantinero se volvió sorprendido
-Si me paga en efectivo, me conformo con cuarenta y cinco monedas ni un centavo menos. ¡Estoy vendiendo mi caballo con pérdidas ya!
Inmediatamente extraje mi billetera y le entregué cuarenta y cinco monedas, mientras el carrero lo miraba, con los ojos desorbitados de sorpresa. Estaba mudo y su alegría era indescriptible.
-Ahora ve como el Todopoderoso puede ayudarlo, aun cuando su posición parezca completamente desoladora -le dije, antes de que saliera con el cantinero a ensillar el nuevo caballo.
Ni bien salieron, rápidamente junté mis pocas cosas y desaparecí, pues quería evitar el agradecimiento.
Luego llegué a Lemberg con las cinco monedas restantes en mi bolsillo, y naturalmente tuve que contentarme con comprar un Etrog común. Mis intenciones originales eran gastar cincuenta monedas en un Etrog excepcional.
Generalmente mi Etrog es el mejor de Yaner y todo el mundo suele venir a recitar la bendición apropiada con él. Este año me daba vergüenza volver a casa con un ejemplar tan pobre, de manera que mi esposa estuvo de acuerdo en que viniera aquí, a Lizensk donde nadie me conoce.
-Pero mi querido Rabí Uri -gritó Rabí Elimelej, ahora que el maestro habla finalizado su historia- el suyo es verdaderamente un Etrog excepcional, en el mejor de los sentidos! ¡Ahora me doy cuenta por qué tiene la fragancia del Jardín del Edén! Déjeme contarle la continuación de su historia.
-Cuando el carrero, a quien usted salvó del desastre, contempló su inesperada buena fortuna, pensó que usted debía haber sido nada menos que el mismo profeta Elías, a quien el Todopoderoso habría enviado a la tierra disfrazado de hombre para ayudarlo en su desesperación. Habiendo llegado a esa conclusión, el feliz carrero buscó una manera de expresar su gratitud al Creador pero el pobre hombre no sabía ni una palabra de hebreo, ni una oración. Entonces buscó un modo adecuado de dar las gracias.
Súbitamente su rostro se iluminó. Tomó su látigo y castigó al aire con todas sus fuerzas, al tiempo que gritaba de lo más profundo de su ser:
-¡Oh querido Padre en el Cielo! ¡Te amo mucho! ¡Te amo más aún que a mi querida esposa y a mis hijos! ¿Qué puedo hacer para demostrar mi amor por Ti? ¡Déjame hacer sonar mi látigo como prueba de mi amor! De inmediato el carrero hizo resaltar su látigo tres veces.
En vísperas de Iom Kipur -continuó su relato Rabí Elimelej el Todopoderoso estaba sentado en su Trono del Juicio, escuchando las primeras plegarias del Día del Perdón.
Rabí Levi Itzjak de Berdichev, quien actuaba como Asesor de la Defensa de sus hermanos judíos, empujaba un carro lleno de Mitzvot (buenas acciones) de los judíos hacia los Portones del Cielo, cuando apareció Satán, acusador de los judíos, y obstruyó el camino con bolsas de malas acciones, de modo que el carro no podía pasar y Rabí Levi Itzjak no podía proseguir su camino.
Mi hermano, Rabí Zushe y yo agregamos nuestras fuerzas para ayudar a Rabí Levi Itzjak a mover el carro hacia adelante, pero todo era en vano. Aún nuestros esfuerzos combinados no lo lograron.
De pronto llegó el sonido de restallar de un látigo, y un enceguecedor rayo de luz apareció, iluminando todo el universo, hasta los cielos mismos.
Ahí vimos a los ángeles y a los Tzadikin sentados en círculo, cantando alabanzas a Di-s. Al escuchar las palabras del carrero y el restallar de su látigo dijeron:
-¡Feliz el Rey que así es alabado!
De pronto, el ángel Mijael apareció trayendo un caballo, seguido por el carrero con el látigo en mano.
El ángel Mijael ató el caballo al carro de las Mitzvot judías y el carro hizo sonar su látigo. Súbitamente el carro dio un tirón hacia adelante, aplastó los pecados judíos que obstruían el camino y lo hizo llegar hasta el Trono de Honor. Allí el Rey de los Reyes, Di-s, lo recibió graciosamente y levantándose del Trono del Juicio, y se dirigió a sentarse al Trono de la Piedad. Así un Feliz Año Nuevo quedó asegurado a todos los judíos.
-Y ahora querido Rabí Uri -concluyó Rabí Elimelej- ya ve que todo esto fue a causa de su noble acción. Regrese a su casa en paz pero antes de irse, permítame tomar en mis manos este magnífico "Etrog" y recitar "el Halel" con él.
sábado, 2 de septiembre de 2017
jueves, 31 de agosto de 2017
La Campaña de Tzedaká
La campaña de Tzedaká pronto va a empezar. ¿Qué clase piensas que va a ganar el concurso por juntar la mayor suma de dinero?- preguntó Janá Rabinowitz, alumna del último año de la secundaria en Bet Yaakob mientras entraba a la escuela.
-El año pasado ganamos, aunque las otras clases tuvieran más alumnas. Esperemos que podamos hacerlo otra vez -dijo Jaia.
Al entrar en la escuela, no pudieron evitar ver los pósters que anunciaban el comienzo del concurso de Tzedaká 5766. El dinero se dividiría entre varias causas dignas. A la clase ganadora se le obsequiaría una fiesta y recibiría un reconocimiento especial en la asamblea escolar.
En clase, Rabí Grinbaum, el profesor, dijo:
-Chicas, estamos por dar comienzo a nuestro especial concurso anual de Tzedaká. ¿Alguien conoce alguna historia insólita sobre Tzedaká que quiera contarle a la clase?
Ribká Moscowitz, una niña que siempre rebosaba de entusiasmo, levantó la mano.
-Hace poco oí una hermosa historia -exclamó.
-Adelante, Ribká -dijo Rabí Grinbaum.
Ribká contó la historia.
Esto sucedió en Europa hace unos cien años, en una pequeña ciudad de Galicia. Había un Rebe jasídico que siempre daba la bienvenida a todos, pero se lo notaba especialmente cálido con Berel, el sastre. Berel era un judío muy sencillo, que pasaba casi todo el tiempo trabajando en su oficio. No era un Talmid jajam (estudioso de la Torá) sin embargo, siempre que llegaba a la sinagoga el Rebe lo recibía con una gran sonrisa y un cordial; ¡Shalom Alejem!
Los ojos del Rebe brillaban con una calidez especial cuando veía a Berel. Los jasidim (seguidores del Rebe) no se podían explicar este sentimiento especial del Rebe. ¡Se sorprendían muchísimo sin embargo, cuando alguien le pedía una bendición al Rebe y éste le sugería que fuera a lo de Berel, el sastre, a pedirle una bendición!
Un día, los jasidim tuvieron suficiente valor para preguntarle al Rebe. Esto es lo que dijo el Rebe:
-Un día, un padre vino a verme llorando porque el compromiso de su hija estaba a punto de romperse puesto que el hombre no tenía dinero para cumplir las promesas hechas a la familia del novio. No podía dirigirme a las personas que generalmente me ayudan porque justo había terminado de recaudar dinero para otras causas. Estaba a punto de abandonar todo cuando pensé en Berel. No es un hombre rico pero tiene un buen corazón y me ha ayudado con frecuencia.
Cuando le hablé, me contestó: -Rebe, todo lo que tengo es el dinero que estuve ahorrando para el casamiento de mi propia hija. Me llevó algunos años juntar este dinero, pero si lo necesita para salvar un casamiento, se lo daré. En cuanto a mi hija, HaShem ayudará.
Fue a otra habitación y volvió con un monedero. En realidad, estaba sonriendo cuando me lo dio, como si no se sintiera mal en absoluto. Dudé, sin saber si era correcto aceptar semejante sacrificio. Pero cuando recordé al padre desesperado y las lágrimas en sus ojos, decidí aceptar el dinero de Berel.
-Berel -le dije -que HaShem haga llover bendiciones sobre ti. Que tu parnasá (sustento) sea abundante para que siempre puedas ayudar a los demás y tengas suficiente para tu familia.
Berel sonrió como si acabara de ganar la lotería. Ahora entienden. Un hombre que se puede sacrificar así por otra persona tiene un mérito especial en el cielo.
Rabí Grinbaum dijo:
-Realmente es una historia especial. Gracias por contarla. Es una excelente manera de comenzar nuestra campaña.
-¡Oh! La historia no terminó -agregó Ribká.
Seis meses más tarde, la tía mayor de Berel falleció y le dejó una gran herencia. La hija de Berel pronto se comprometió y Berel ya no tuvo que preocuparse por ganarse el sustento.
-HaShem siempre recompensa a los que se sacrifican para ayudar a los demás -comentó Rabí Grinbaum. Pero niñas, quiero que sepan que uno no debe dar más de la quinta parte de lo que posee para Tzedaká. Berel fue obviamente una persona excepcional con mucha fe en que HaShem lo cuidaría. Todos estamos obligados a ayudar pero no a dar todo lo que tenemos.
-Una cosa más, chicas. Sé que van a empezar la campaña esta noche pidiendo a sus padres que contribuyan. Eso está bien. Pero recuerden dos cosas. Primero: sus padres tienen muchas obligaciones financieras y hay recesión así que muchos padres no podrán dar todo lo que quisieran. Segundo: lo importante de la campaña es que nosotros demos de nuestros propios ahorros y que vayamos a recaudar de otras personas. Así que recuerden, sus padres están sólo para alentarlas.
Todas las niñas se conmovieron con la historia de Ribká y se sintieron alentadas por Rabí Grinbaum para participar en el concurso de Tzedaká. Janá se sintió muy inspirada y decidió juntar dinero para la campaña. No tenía ahorros propios así que le pidió ayuda a su papá. ¡Qué grande fue su desilución cuando le dijo que no!
Le explicó:
-Tienes que darte cuenta, Jany, de que apenas tenemos suficiente para nuestras propias necesidades. Primero, tenemos que cuidarnos nosotros. Los tiempos son duros y no puedo darme el lujo de ayudarte.
Se sorprendió con su respuesta.
-Pero papi -dijo-, nosotros podemos arreglarnos. Baruj HaShem tenemos comida, casa y ropa. Hay tantos que ni siquiera tienen eso. ¡Necesitan nuestra ayuda!
-Bueno Jany, como dije, cuando las cosas mejoren y gane más, tendremos algún dinero extra para el concurso de Tzedaká, hasta entonces no podemos dar nada.
Jany estaba deprimida. Era verdad que su familia estaba lejos de ser rica, pero muchas familias tenían aún menos. ¿Cómo podía convencer a su papá de participar, aunque sea un poco? Quizás debería contarle la historia de Berel. Pero no, hasta podría decir: "la caridad empieza por casa".
Al día siguiente, como siempre, el señor Rabinowitz el padre de Jany fue a su trabajo en la fábrica. "No es un muy buen trabajo, pero al menos paga las cuentas", pensó.
Al llegar vio a los hombres reunidos en grupos y con los rostros serios.
-¿Te enteraste de las malas noticias, Rabinowitz? -preguntó David Landsberg-. Oí que la compañía va a despedir a cinco de nosotros por la recesión. ¡Vaya uno a saber quién de nosotros va a recibir el sobre!
El señor Rabinowitz se puso pálido cuando de repente tomó conciencia de que su trabajo estaba en juego. "Si soy uno de los cinco ¿cómo mantendré a mi familia?" pensó preocupado.
El capataz entró a la habitación.
-Señores, como ya saben tengo que darles un doloroso anuncio. Las ganancias de la compañía han caído considerablemente debido a la escasez de pedidos. Nadie tiene la culpa. Es por la recesión. Me han ordenado despedir al menos a cinco trabajadores para reducir gastos y recuperar dinero. Lo lamento más todavía porque todos son mis amigos.
Luego el capataz entregó sobres a cinco empleados. Estos contenían el anuncio y un cheque con el sueldo de una semana. El señor Rabinowitz se puso pálido cuando le entregaron un sobre con las malas noticias.
-Pero mi familia mi familia -balbuceó en tono suplicante. Le cayeron lágrimas por las mejillas.
El capataz se mostró compasivo, pero no podía hacer nada. Morris Schwartz, un compañero de trabajo del señor Rabinowitz, fue testigo de la desgarradora escena. Lo habían despedido aún estado en la compañía durante muchos años. Puso su brazo sobre el hombro del señor Rabinowitz:
-No te preocupes, Jaim -dijo-. Estaba pensando en retirarme pronto y además soy soltero, sin familia que mantener. Voy a ofrecerme para retirarme antes y así salvar tu empleo.
El señor Rabinowitz quedó perplejo. Pensó: "¿Es verdad? ¿Este hombre está dispuesto a dejar su trabajo por mí?"
El señor Schwartz se dirigió a la oficina y pidió retirarse antes para salvar el puesto del señor Rabinowitz. El capataz quedó sorprendido e impresionado.
-Muy poca gente ofrecería sacrificar tanto por otro. Si está convencido, estoy dispuesto a hacer el cambio. No hay nada malo con el señor Rabinowitz como trabajador, simplemente tenía que despedir a cinco.
Cuando Janá llegó a la escuela al día siguiente, sus compañeras ya estaban trayendo sus contribuciones para el concurso de Tzedaká.
-Es un buen comienzo -anunció Rabí Grinbaum- pero necesitaremos mucho más. Acabamos de recibir una llamada de Yerushaláim. El padre de diez niños falleció de repente y su viuda necesita desesperadamente dinero para mantener a su familia. Tenemos que ayudar a esta pobre familia. Así que niñas, necesitamos que cada una de ustedes, sin excepción, colabore y participe.
Janá se puso colorada al escuchar las palabras. Hasta ahora no tenía nada para dar. Imagínense la vergüenza si tuviera que decirle a su maestro que su papá no iba a contribuir porque "la caridad empieza por casa".
Mientras volvía a su casa, muchos pensamientos surgieron en su mente. Estaba equivocada en contar sólo con la donación de su papá. Después de todo, Rabí Grinbaum dijo que los padres estaban sólo para alentarlas. Conseguiría un empleo de niñera después de la escuela para ganar dinero para el concurso de Tzedaká y le pediría a sus familiares y a los comerciantes del barrio que la ayudaran
Cuando llegó a su casa, su padre ya había vuelto. Estaba contándole a la familia sobre el despido, como ya había perdido su trabajo y había sido salvado sólo por la bondad de Morris Schwartz.
-Imagínense -dijo-, renunció a su trabajo para que yo conservara el mío, semejante sacrificio, no sé cómo podré pagarle alguna vez.
Janá enseguida pensó en Berel, el sastre.
El señor Rabinowitz miró a su hija Janá y le dijo:
-Jany, hoy aprendí una lección. Es verdad que la caridad comienza por casa pero no termina allí. Así que, Jany, ahora me doy cuenta más que nunca que también tenemos que pensar en los demás. Voy a contribuir con un diez por ciento de mi ganancia para tu concurso de Tzedaká.
Breve de la Parashá Ki-Tetze
"Cuando salieres a la guerra, contra tus adversarios, y lo entregare HaSh-m tu Di-s en tu mano y capturares a su cautivo." (Devarim 21:10)
Este versículo habla de la lucha constante entre el ser humano y su ietzer hará (mala inclinación) que es su enemigo eterno. El Talmud dice que el ietzer hará crece y se fortalece cada día más: si no fuese por la ayuda de Di-s, una persona seria abatida por él. De acuerdo a esto, una persona nunca podría vencer a su ietzer hará naturalmente, y como tal es muy probable que se desaliente y ni siquiera intente sobrepasarlo. Es por eso que la Torá nos dice: "Cuando salieres a la guerra contra tus adversarios" - si solo comienzas a luchar en contra de tu ietzer hará, si solo salieras a la guerra en contra de tu ietzer hará, entonces, y solo entonces, podrás estar seguro de que serás victorioso en tu batalla, porque "HaSh-m, tu Di-s lo entregará en tu mano".
domingo, 20 de agosto de 2017
El Mes de Elul
Elul es el 12º y último mes del calendario judío. Es un mes que conecta el año pasado con el próximo, un momento en el que reflexionamos sobre dónde estamos y hacia dónde debemos ir.
Se llama "el mes del arrepentimiento", "el mes de la misericordia" y "el mes del perdón". Elul sigue de dos meses previos Tamuz y Av-meses de tragedias que fueron traídas sobre nosotros producto de nuestros pecados. En Tamuz, los judíos pecaron con el becerro de oro; En Rosh Jodesh Elul, Moisés ascendió al Monte Sinaí por un tercer período de 40 días hasta Yom Kipur, cuando descendió con las segundas tablas (lujot)
El 7 de Sivan, Moshé subió a la montaña…el 17 de Tamuz las Tablas fueron rotas. El 18 quemó al Becerro de Oro y juzgó a los transgresores. El 18 volvió a subir y durante cuarenta días rogó misericordia. El 1 de Elul subió a recibir las Segundas Tablas, y estuvo allí durante cuarenta días. El 10 de Tishrei, Di-s restauró Su buena voluntad con el pueblo judío, diciéndole a Moshé: “Yo los he perdonado como pediste”, y le entregó las Segundas Tablas.
Rashi, Shemot 31:1 y 33:11. Estos fueron días en que Di-s reveló al Pueblo judío su gran misericordia. Desde entonces, este tiempo ha sido designado como un tiempo de misericordia y perdón, un momento oportuno para la teshuvá-arrepentimiento "Para volver a Él".
Las cuatro letras del nombre Elul son el acrónimo de la frase en Shir HaShirim "Cantar de los Cantares" (6: 3): "yo soy de mi amado y mi amado es mio". "yo soy de mi amado" -cuando nos acercamos con el deseo de volver y conectarse a Di-s. "Y mi amado es mio" -Di-s de manera reciproca nos expresa su Divina misericordia y perdón.
Este es el mes en que "el Rey está en el campo".
HaSh-m, el Rey de todos los Reyes, se encuentra accesible. Todos pueden acercarse a Él, y Él hará brillar Su rostro a todos.
viernes, 18 de agosto de 2017
jueves, 17 de agosto de 2017
Parashat Ree
Por consiguiente, pueden ver que estoy poniendo delante de ustedes tanto una bendición como una maldición.
(Devarim 11:26)
(Devarim 11:26)
La libertad de elección ha sido concedida a cada hombre: si él desea volverse hacia un buen camino y ser justo, (Tov) la capacidad de hacerlo está en sus manos; Y si desea volverse hacia un camino malo y ser malo, la capacidad de hacerlo está en sus manos. . .
Este concepto es un principio fundamental y un pilar de la Torá y sus mandamientos. Como está escrito [ Devarim 30:15 ]: "Mirad, he puesto delante de vosotros la vida [el bien, y la muerte y el mal]" y "Mirad, os presento hoy [bendición y maldición]". . . Seria acaso que Di-s decretara que una persona sea justa o perversa, o si existiera algo en la esencia misma de la naturaleza de una persona que lo obligara hacia un sendero específico, una convicción específica, un rasgo de carácter específico o un rasgo específico.
. . ¿Cómo podría Di-s ordenarnos a través de los profetas, "Haz esto" y "no hagas esto otro". . . ? ¿Qué lugar tendría toda la Torá? ¿Y por qué medida de justicia castigaría a los malvados y recompensaría a los justos?
(Mishná Torá, Leyes de Arrepentimiento 5: 1-3)
domingo, 6 de agosto de 2017
Parashá Ekev
Comentario referente a la Parashá de esta semana Ekev
El Baal Shem Tov nos enseñó una idea original respecto al significado de la palabra “Ir’at Shamaim” (temor del Cielo) con un ingenioso ejemplo:
Un padre advierte a su hijo a ser cuidadoso al cruzar la calle. Si teme que su hijo no le esté prestando atención, le avisa que si lo ve cruzando la acera sin mirar hacia ambos lados, no le permitirá salir solo de la casa. Cuando el padre observa que sus advertencias han sido desoídas, entonces castiga al niño tal como se lo había comunicado con antelación. El niño cree que el padre lo está castigando por el enojo de haber desobedecido a su padre.
En el futuro el niño cuidará más por temor a volver a enojar a su padre y para evitar así la repetición de la mala experiencia de la punición. Sin embargo, en realidad el que realmente “teme” es el padre, quien es conciente del riesgo de cruzar la calle sin mirar hacia los costados. ¿Por qué? Pues ama a su hijo y no quiere que le ocurra ningún daño.
De este mismo modo, aquello que los seres humanos podemos llegar a temer porque sentimos que nuestra mala conducta puede provocar un castigo Di-vino en realidad responde a una manera muy ordinaria y limitada de “ver” las cosas...
“Living each week” de Rabbi Abraham Twerski shlit”a Mesorah/Artscroll - Ekev
sábado, 5 de agosto de 2017
EL HONOR DE UN SABIO
Rabí Yehuda, jefe del Sanhedrin y Rabí Jía iban por un camino
y cuando llegaron a un lugar, preguntaron si residía allí algún
sabio, para visitarlo. Entonce les dijeron que había uno pero era
ciego. Rabí Jía dijo entonces que iría él solo a verlo, puesto que no
correspondía que Rabí Yehuda, el jefe, lo viese.
Pero Rabí Yehuda fue igual y cuando se despidieron del sabio,
éste les dijo: ”-Ustedes vinieron a ver a una persona a la que se lo
puede ver, pero él no ve. Sean pues merecedores de recibir a la
Santa Presencia que ve, pero a quien no se puede ver.”.
UNA HERMOSA BENDICIÓN
Rabí Najman comía en la casa de Rabí Itzjak, cuando estaba por irse,
Rabí Itzjak le pidió una bendición, a lo cual Rabí Najman le dijo: ”-te voy
a relatar una parábola: Un hombre iba por un desierto, hambriento, cansado
y sediento. De repente encontró un árbol que daba una hermosa
sombra y pendían de él hermosos frutos y un pequeño arroyo corría debajo.
Después de saciar su hambre y sed, descansó a la sombra, se dirigió
al árbol y le dijo: ”¿con qué te puedo bendecir? que tus frutos sean dulces,
lo son. Que tu sombra sea profusa, ya lo es. Que haya un arroyo que te
recorra, ya lo tienes. Lo único que te puedo desear es que todas tus ramas
que se planten en otros lados, sean tan proficuas como tú”.
Y a ti -terminó Rabí Najman- a quien nada le falta, te deseo que tus
hijos sean como tú”.
Nuestro trabajo es emular al Creador
El Judío debe hacer actos de bondad pues así lo ordenó Di-s, que nos santificó con sus Mitzvot (preceptos) y nos ordenó hacer actos de beneficencia; y no porque ésa sea nuestra naturaleza.
Venimos a este mundo a emular en el atributo de bondad a nuestro Creador, y es nuestro deber anular nuestros deseos egoístas manifestando con nuestras acciones el amor al prójimo.
Trabajo noble nos es encomendado.
Venimos a este mundo a emular en el atributo de bondad a nuestro Creador, y es nuestro deber anular nuestros deseos egoístas manifestando con nuestras acciones el amor al prójimo.
Trabajo noble nos es encomendado.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
¿Como lograr la plenitud?
El pueblo de Israel ha perpetuado esta forma de percibir la vida basado en las mitzvót,
las cuales le brindan al hombre parámetros concretos con el fin de
evaluar la realidad y nos muestran un camino seguro para lograr su
plenitud.
martes, 22 de noviembre de 2016
Comentario a la Parashá Jaie Sara
Yo soy un extranjero y un residente entre ustedes Bereshit 23: 4
El judío es un "residente" en el mundo, porque la Torá le ordena no escapar de la realidad física, sino que la habita y la eleva. Prácticamente todas las mitzvot (mandamientos divinos) de la Torá son acciones físicas que involucran objetos físicos, de acuerdo con la misión del judío de hacer una "morada para Di-s en el reino material" santificando los materiales cotidianos de la vida cotidiana.
Al mismo tiempo, el judío se siente un "extraño" en el mundo material. Su verdadero hogar es un lugar más elevado, más elevado, el mundo del espíritu, el mundo de la santidad y la Divinidad de la que ha sido exiliada su alma y a la que anhela regresar. De hecho, es sólo porque el judío se siente un extraño en el mundo que puede evitar ser totalmente consumido y abrumado por él, y mantener la visión espiritual y la integridad necesaria para elevarlo y santificarlo como una morada para la Presencia Divina.
El Rebe de Lubavitch
El judío es un "residente" en el mundo, porque la Torá le ordena no escapar de la realidad física, sino que la habita y la eleva. Prácticamente todas las mitzvot (mandamientos divinos) de la Torá son acciones físicas que involucran objetos físicos, de acuerdo con la misión del judío de hacer una "morada para Di-s en el reino material" santificando los materiales cotidianos de la vida cotidiana.
Al mismo tiempo, el judío se siente un "extraño" en el mundo material. Su verdadero hogar es un lugar más elevado, más elevado, el mundo del espíritu, el mundo de la santidad y la Divinidad de la que ha sido exiliada su alma y a la que anhela regresar. De hecho, es sólo porque el judío se siente un extraño en el mundo que puede evitar ser totalmente consumido y abrumado por él, y mantener la visión espiritual y la integridad necesaria para elevarlo y santificarlo como una morada para la Presencia Divina.
El Rebe de Lubavitch
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Comentario a la Parashat -Vaigash-
Más allá de lo que sufrió Iosef personalmente a causa de su oposición a la conducta promiscua de Madame Potifar, los egipcios se enteraron que los hebreos eran claramente diferentes. No participarían de su inmoralidad, aun si cayeran presos de idolatría.
Nuestro primer exilio
Nosotros hemos nacido y vivimos en medio de una sociedad con principios, estilos de vida y prioridades ajenos a los nuestros. Nuestros padres y abuelos también han nacido en entornos ajenos a los suyos (y distintos al actual) y, por lo tanto, hemos tomado este hecho como una circunstancia “natural” y tratamos de navegar lo mejor posible dentro de cada coyuntura sin destacarnos, pero también, sin perder nuestra identidad.
De todos modos, nos costaría imaginar nuestra existencia sin aquel mundo diferente allí afuera, precisamente porque todas las generaciones recientes han estado viviendo así.
Claro que la necesidad de no manifestarse diferente innecesariamente, no siempre favorece la no menos importante exigencia de no asimilarse.
Por el contrario – se constituye en un factor que conduce a la pérdida de presencia y filiación para ser parte del resto del contexto, y esto suele ser uno de los mayores desafíos de nuestra existencia como judíos del exilio.
No obstante, no siempre fue así.
Hacia fines del libro Bereshit, encontramos a la familia de Ia’acov que por decreto de D”s, arribó a Egipto, que en aquel momento configuraba la mayor “civilización” existente.
Habiendo vivido hasta aquella coyuntura en un país que los reconocía como distintos, y por lo tanto mantenía la distancia social para con ellos, en el momento que debieron pisar Egipto en carácter de parientes del Virrey Iosef - que había salvado al país de la hambruna - se abrían nuevos horizontes y retos a su forma de pensar y vivir.
Cada uno de estos encuentros se describe en la Torá: en primer lugar la presentación de Iosef ante el Faraón. Luego, el encuentro de Iosef y sus hermanos y el de Iosef con su padre Ia’acov, como así también las audiencias que concedió el Faraón a Ia’acov y a sus hijos.
En cada uno de los casos nos cruzamos con la disparidad en el modo de pensar, y también con el esfuerzo de la familia de Ia’acov por no integrarse a la sociedad egipcia.
Antes de proseguir, tomemos en cuenta el factor Di-vino: D”s envió a Iosef a Egipto, y éste obtuvo allí una posición privilegiada que le permitió abogar por ciertas concesiones de parte del Faraón para con su familia.
Pero, aun antes de ese momento, Iosef ya había dado claras pautas a los egipcios de que los hebreos se conducen con normas muy distintas a las de ellos.
El primer cargo que había ocupado Iosef en Egipto, había sido el de mayordomo del palacio de Potifar. La esposa de Potifar no tardó en reconocer las virtudes de Iosef, y en típico método egipcio trató de seducirlo sin importarle en absoluto la infidelidad hacia su marido…, salvo que Iosef no era egipcio y no se dejó llevar por sus avances. (De todos modos, tengamos en cuenta también que la propia Madame Potifar no acometió en contra de Iosef, sino recién cuando lo vio un día - frente al espejo - arreglar su aspecto - Rash”í,Bereshit 39:7)
Este episodio le costó la cárcel a Iosef, y durante muchos años fue el tópico de conversación de la gente – quizás precisamente por la singularidad de su férrea posición (Rash”í Bereshit 40:1).
Más allá de lo que sufrió Iosef personalmente a causa de su oposición a la conducta promiscua de Madame Potifar, los egipcios se enteraron que los hebreos eran claramente diferentes. No participarían de su inmoralidad, aun si cayeran presos de idolatría.
Efectivamente así fue: mientras los egipcios ni siquiera tenían certeza acerca del linaje o paternidad concretos de sus “hijos” (Shmot 12:30, Rash”í), los hebreos no cayeron en sus licencias disolutas (Bamidbar 26:5, Rash”í).
Aun así, cuando el Faraón se dispuso a contender con los hebreos, no dejó de intentar hacerlos caer víctimas de tentaciones, limitando el contacto de maridos y esposas (Hagadá de Pesaj, sobre Dvarim 26:7).
La propia Madame siguió manteniendo vivo el tema de Iosef a oídos de la gente. La cuestión no bajó “de cartelera” hasta que D”s mandó otro enredo en el séquito del Faraón para que los programas de chismes tengan otros titulares en los que ocupar su insaciable curiosidad y fisgoneo por lo privado de la gente.
La arrogancia era parte integral de la vida egipcia. Hasta el reo más vil se alegraba y gozaba por el sufrimiento de quienes estaban en una situación peor que la propia (Rash”í Shmot 11:5 y 12:29).
El propio Faraón respondió luego a Moshé: “No conozco a D”s, y no liberaré a Israel” (Shmot 5:2). También lo cita el profeta Iejezkel (29:3): “Mío es mi río (Ie’or) y yo mismo me he creado”.
Cuando después de varios años de cárcel, el Faraón mandó llamar a Iosef para que le interprete sus sueños acerca de las vacas y las espigas, luego de varios intentos infructuosos con sus hechiceros usuales, la respuesta de Iosef impactó en los oídos del Faraón: “bil’adai - no depende de mi, Su Majestad faraónica, sino de la Voluntad de D”s de transmitirme el significado de Su sueño” (Bereshit 41:16).
Otro idioma – totalmente desconocido para quien vivió su vida rodeado de intrigas cortesanas llenas de envidias ataviadas con guantes blancos. De inmediato, el Faraón supo que Iosef era la persona indicada y conveniente para dirigir el racionamiento y la distribución de los alimentos limitados.
(Pero, como sucede en tantos órdenes de la vida, reconocer la integridad y dignidad de otro ser humano es relativamente fácil. Mucho podemos jactarnos de tener conocidos de extrema piedad. Puede hasta “hacernos sentir bien” hablar con ellos. Emularlos es “otro cantar”).
En el mensaje que Iosef envió a su padre Iaacov, por medio del cual lo invitaba a Egipto, sabiendo lo intranquilo que estaría por la potencial influencia egipcia sobre su familia, le ofreció habitar en la tierra de Goshen, donde estarían apartados del grueso de la población (Bereshit 45:10). Iaacov aceptó y envió a su hijo Iehudá que preparara el sitio antes de su llegada (46:28).
Una vez instalado en Egipto, le tocaba a Iosef preparar las audiencias protocolares de su familia con el Faraón. Obviamente, ellos no eran simplemente un grupo de personas más entre tantos inmigrantes. Eran nada más y nada menos que los familiares de la persona en quien el Faraón había depositado la confianza absoluta de la economía y seguridad del país, en una coyuntura inédita de terrible hambruna.
Iosef ya sabía cuál sería la pregunta central del Faraón a sus hermanos: “¿a qué se dedican?” (Bereshit 47:3)
Aclaremos que cuando al Torá nos narra que hubo algún diálogo entre personas, no es el relato de simples formalidades, amabilidades para llenar los vacíos (cuando no se tiene de qué hablar, pero “queda feo quedarse callado”), cumplidos de rigor o muestras fingidas de interés.
¿Qué significado tiene entonces la pregunta?
En Egipto el trabajo que uno ejercía, constituía su identidad y lo colocaba en el estrato social correspondiente según la categoría con la que los egipcios consideraban cada oficio (los resabios de esta clasificación siguen entre nosotros con ciertas modificaciones).
Iosef consideraba que convenía presentarse como hacendados, lo cual efectivamente habían sido anteriormente, y no como pastores que era el status al que habían “descendido” últimamente, porque no era bien visto en Egipto.
Aun así, eligió a los hermanos menos robustos para integrar la delegación, a fin de que el Faraón no los viera aptos para ser sus ministros.
Los hermanos, sin embargo, optaron por revelarse directamente como “simples” pastores, indicando también su poco interés por participar del quehacer político de la capital, provocando así una actitud negativa del Faraón, cediéndoles una ubicación más bien retirada, como era la tierra de Goshen.
Ahora tocaba el turno de presentar a Iaacov ante el Faraón. También para Iaacov el Faraón tenía una pregunta (¿indiscreta?): “¿Qué edad tienes?” (Bereshit 47:8).
La respuesta de Iaacov fue un tanto elaborada:
“Mis días de los años vividos cronológicos son ciento treinta años, pocos y malos han sido los días de mis años y no han alcanzado a los días de los años de mis padres en su existencia”.
¿Qué significa esta conversación?
El Faraón jamás había visto a una persona tan avejentada como Iaacov. Esto originó su interrogatorio (¿qué significado o propósito tiene acaso la vejez?).
La respuesta de Iaacov es aleccionadora. Efectivamente - respondió con humildad – los trazos faciales demuestran más sufrimiento (la persecución de Eisav, los engaños de Laván, el secuestro de Diná, la desaparición de Iosef…) que el que pasaron mis padres. Sin embargo, los años efectivos de vida productiva a nivel espiritual – que es lo que realmente cuenta - no han alcanzado los logros que mis padres tuvieron a esta edad.
Es importante señalar que hemos atravesado una experiencia de 2.000 años de exilio.
Las “culturas” y “civilizaciones” que hemos visto pasar frente a nuestros ojos, fueron numerosas y de las más diversas naturalezas. Por lo general, el tiempo que hemos permanecido junto a determinada sociedad, fue inversamente proporcional al tiempo que demoró nuestra adaptación e incorporación a dicha forma de vida – extraña a la nuestra.
La historia se repite, aun cuando cambian los colores y la decoración del escenario.
La familia de Iaacov arribó (lit. “que llegan”) en Egipto “cada hombre y su familia” (Shmot 1:1).
La proximidad entre los integrantes del núcleo familiar es fundamental para la supervivencia espiritual en un entorno hostil.
Asimismo, el tiempo presente (en lugar de expresarse en pasado), de “quienes llegan”, nos transmite la imagen de aquel que acaba de inmigrar a una tierra desconocida. La sensación es de incertidumbre, sentimiento de desacierto, desconocimiento del lenguaje, falta de hábito en las costumbres locales, percepción de ser un extraño.
En resumen: la imagen de vivir el destierro.
Si bien el recién llegado y sus hijos suelen sentirse presionados a dejar atrás esa incomodidad y convertirse en “gauchos judíos”, la celeridad en que esa metamorfosis se produzca, jamás ha favorecido la continuidad de la identidad propia.
Nosotros somos mayoritariamente 2ª, 3ª o 4ª generación de inmigrantes llegados a estas latitudes. Conocemos de cerca el fracaso de una rápida absorción a una sociedad ajena. Las lecciones de la llegada de la familia de Iaacov a Egipto y las colisiones espirituales subsiguientes, deben dejarnos una enseñanza válida para la actualidad.
Daniel Oppenheimer
jueves, 10 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
revelando la soberanía de Di-s
El Sagrado Templo y la nación judía establecen el reino de Di-s en el mundo.
Los griegos aspiraban perturbar el orden divinamente ordenado oprimiendo a los Judios y profanando el Templo siendo finalmente derrotados. Tanto el pueblo judío y el Templo fueron liberados, asegurando el lugar de Di-s en el mundo una vez más. La verdad profunda interior del universo emanado a través de la Menorá en el Templo, revelando la soberanía de Di-s sobre el mundo natural.
El templo ahora está en ruinas y el pueblo judío están en el exilio, sin embargo, creemos que pronto ambos serán completamente levantados y que la redención final se lograrán muy pronto y en nuestros días.
sábado, 5 de diciembre de 2015
Comentario a la Parashat -Miketz-
Había una vez un país llamado “República Obediente” que estaba gobernado por un rey muy justo y perfectamente íntegro. Lideró a su país durante 80 ańos con total integridad, y aun en situaciones muy difíciles de hambre y privación, se preocupó por el bienestar de cada uno de sus súbditos.
Jamás - en todos aquellos ańos - tocó lo que no le correspondía por ley, y jamás hubo objeción alguna sobre su conducta en el gobierno. Si bien tenía oportunidad de ubicar a sus parientes y amistades personales en posiciones claves del gobierno para devolver favores o para sentirse más seguro y confiado en el poder - ello tampoco sucedió. (Una leyenda del país de las maravillas…)
De todos los personajes de la Torá hay uno a quien se le da el título, según de los Sabios, en términos de “tzadik” (justo) cuando se lo menciona. Esto no se debe a que fuese el único “tzadik” de la Torá, sino porque esa cualidad lo caracterizaba particularmente. Era Iosef, hijo de Ia’acov.
Jamás - en todos aquellos ańos - tocó lo que no le correspondía por ley, y jamás hubo objeción alguna sobre su conducta en el gobierno. Si bien tenía oportunidad de ubicar a sus parientes y amistades personales en posiciones claves del gobierno para devolver favores o para sentirse más seguro y confiado en el poder - ello tampoco sucedió. (Una leyenda del país de las maravillas…)
De todos los personajes de la Torá hay uno a quien se le da el título, según de los Sabios, en términos de “tzadik” (justo) cuando se lo menciona. Esto no se debe a que fuese el único “tzadik” de la Torá, sino porque esa cualidad lo caracterizaba particularmente. Era Iosef, hijo de Ia’acov.
¿Y POR QUÉ SE LO LLAMA “TZADIK”?
En su vida ocurrieron tantas ocasiones que le permitieron demostrar esa virtud, que seguramente no podremos limitar ese “título” por un evento en particular.
Pasemos a citar algunas referencias.
A raíz de la calumnia de la esposa de Potifar, amo de Iosef, éste terminó preso en la cárcel. Allí D”s asistió nuevamente a Iosef haciéndolo caer en gracia a los ojos del responsable de la prisión. Fue así que Iosef terminó siendo el encargado de todo lo que allí sucedía.
Recordemos que Iosef había sido vendido como esclavo a Egipto a los diecisiete ańos.
Una tierra con una “cultura” muy fuerte y por cierto de una moralidad muy baja y perversa. Testimonio de eso lo tenemos cuando, al salir de Egipto, las casas de los egipcios estaban llenas de “primogénitos” de las distintas relaciones adúlteras que mantenían las mujeres egipcias con diferentes hombres.
A los diecisiete ańos, podía haber sentido - con toda seguridad - que el destino lo trató con injusticia. Como esclavo (nunca en la historia un siervo logró escapar de Egipto) ya jamás volvería a ver a su familia, a sus seres queridos... pero eso no hizo cambiar a Iosef: no perdió ni un ápice de apego a su padre y a sus enseńanzas.
Esta conducta no cambió aun en la cárcel, donde la frustración y el sentimiento de fracaso potencian las conductas negativas de las personas.
En su vida ocurrieron tantas ocasiones que le permitieron demostrar esa virtud, que seguramente no podremos limitar ese “título” por un evento en particular.
Pasemos a citar algunas referencias.
A raíz de la calumnia de la esposa de Potifar, amo de Iosef, éste terminó preso en la cárcel. Allí D”s asistió nuevamente a Iosef haciéndolo caer en gracia a los ojos del responsable de la prisión. Fue así que Iosef terminó siendo el encargado de todo lo que allí sucedía.
Recordemos que Iosef había sido vendido como esclavo a Egipto a los diecisiete ańos.
Una tierra con una “cultura” muy fuerte y por cierto de una moralidad muy baja y perversa. Testimonio de eso lo tenemos cuando, al salir de Egipto, las casas de los egipcios estaban llenas de “primogénitos” de las distintas relaciones adúlteras que mantenían las mujeres egipcias con diferentes hombres.
A los diecisiete ańos, podía haber sentido - con toda seguridad - que el destino lo trató con injusticia. Como esclavo (nunca en la historia un siervo logró escapar de Egipto) ya jamás volvería a ver a su familia, a sus seres queridos... pero eso no hizo cambiar a Iosef: no perdió ni un ápice de apego a su padre y a sus enseńanzas.
Esta conducta no cambió aun en la cárcel, donde la frustración y el sentimiento de fracaso potencian las conductas negativas de las personas.
LOS MINISTROS EN LA CÁRCEL
Pasaron los ańos, y dos de los ministros de más confianza del Faraón - el encargado de su bebida y el confiado con su pan - fueron colocados en la misma prisión por negligencias en sus tareas. Así quedaron bajo el cuidado de Iosef.
Un ańo más tarde, ambos tuvieron un sueńo la misma noche y amanecieron turbados por la falta de comprensión de lo que habían visto. Iosef les vio la mala cara y averiguó el motivo. Después de escuchar la narración de cada uno, les interpretó a cada cual según el sueńo - el encargado de su bebida sería restituido a su cargo anterior…y el confiado con su pan sería ejecutado tres días más tarde.
Ambos supieron que Iosef había acertado en su definición, pues habían sońado también sendas elucidaciones (pero cada uno el desenlace del otro - Brajot 55.).
Es más fácil vislumbrar la situación del otro que la propia, pues está ausente la subjetividad que opaca la comprensión. Sin embargo, no es sencillo hacerle ver la verdad al prójimo…
Iosef, pues, pidió al ministro de servir copas, que cuando salga en libertad, aproveche su acceso al Faraón para liberarlo también a él, pues había sido secuestrado de Cna’an y condenado por Potifar injustamente (Bereshit 40:14).
La interpretación que brindó al copero se materializó, pero este “olvidó” a Iosef inmediatamente - y no le demostró gratitud ayudándole a salir de la cárcel.
A simple vista, la interpretación de Iosef contradecía toda lógica. En aquellos tiempos, quien había faltado al honor del rey podía ser ejecutado en el acto. Si tenía suerte y llegaba vivo a la cárcel, probablemente no volvería a ver la luz del sol. Y si llegaba a salir, por supuesto que no volvería a cubrir el cargo que ostentaba previamente.
Sin embargo, Iosef le hizo saber al ministro de la bebida que reasumiría su puesto anterior - solamente para que lo liberara a Iosef de su encarcelamiento.
Aun así, lo que más dio certeza al ministro que Iosef estaba totalmente seguro de lo que decía, fue la interpretación sobre el futuro del panadero.
ˇżPor qué arriesgaría Iosef - voluntariamente - pronosticar una predicción tan nefasta - la ejecución - si eso le podía significar su propio suicidio?!
ˇImaginemos por un momento el cuadro del ministro del pan si hipotéticamente hubiera salido en libertad después de tres días de agonía espiritual causados por un esclavo en la cárcel! ˇżacaso no se ocuparía de torturarlo o matarlo?!
Obviamente, Iosef no tendría la más mínima duda, que sus palabras eran verdad (Meshej Jojmá).
Pero claro: la arrogancia del copero no le permitía aceptar ese punto - y “se olvidó”.
Pasaron los ańos, y dos de los ministros de más confianza del Faraón - el encargado de su bebida y el confiado con su pan - fueron colocados en la misma prisión por negligencias en sus tareas. Así quedaron bajo el cuidado de Iosef.
Un ańo más tarde, ambos tuvieron un sueńo la misma noche y amanecieron turbados por la falta de comprensión de lo que habían visto. Iosef les vio la mala cara y averiguó el motivo. Después de escuchar la narración de cada uno, les interpretó a cada cual según el sueńo - el encargado de su bebida sería restituido a su cargo anterior…y el confiado con su pan sería ejecutado tres días más tarde.
Ambos supieron que Iosef había acertado en su definición, pues habían sońado también sendas elucidaciones (pero cada uno el desenlace del otro - Brajot 55.).
Es más fácil vislumbrar la situación del otro que la propia, pues está ausente la subjetividad que opaca la comprensión. Sin embargo, no es sencillo hacerle ver la verdad al prójimo…
Iosef, pues, pidió al ministro de servir copas, que cuando salga en libertad, aproveche su acceso al Faraón para liberarlo también a él, pues había sido secuestrado de Cna’an y condenado por Potifar injustamente (Bereshit 40:14).
La interpretación que brindó al copero se materializó, pero este “olvidó” a Iosef inmediatamente - y no le demostró gratitud ayudándole a salir de la cárcel.
A simple vista, la interpretación de Iosef contradecía toda lógica. En aquellos tiempos, quien había faltado al honor del rey podía ser ejecutado en el acto. Si tenía suerte y llegaba vivo a la cárcel, probablemente no volvería a ver la luz del sol. Y si llegaba a salir, por supuesto que no volvería a cubrir el cargo que ostentaba previamente.
Sin embargo, Iosef le hizo saber al ministro de la bebida que reasumiría su puesto anterior - solamente para que lo liberara a Iosef de su encarcelamiento.
Aun así, lo que más dio certeza al ministro que Iosef estaba totalmente seguro de lo que decía, fue la interpretación sobre el futuro del panadero.
ˇżPor qué arriesgaría Iosef - voluntariamente - pronosticar una predicción tan nefasta - la ejecución - si eso le podía significar su propio suicidio?!
ˇImaginemos por un momento el cuadro del ministro del pan si hipotéticamente hubiera salido en libertad después de tres días de agonía espiritual causados por un esclavo en la cárcel! ˇżacaso no se ocuparía de torturarlo o matarlo?!
Obviamente, Iosef no tendría la más mínima duda, que sus palabras eran verdad (Meshej Jojmá).
Pero claro: la arrogancia del copero no le permitía aceptar ese punto - y “se olvidó”.
EL HOMBRE DE FÉ
Los Sabios aplican el pasaje de Tehilim (40:5), “Bienaventurado el hombre que confía en D”s” - a Iosef, un célebre Tzadik que se mantuvo en la senda ética a pesar del entorno corrupto egipcio: “y no se dirigió a los arrogantes” - refiriéndose también a Iosef: por el hecho de haber recurrido a la ayuda del copero, permaneció (como castigo Celestial) dos ańos adicionales en la cárcel (Midrash, Shmot Rabá 7:1).
Los Sabios aplican el pasaje de Tehilim (40:5), “Bienaventurado el hombre que confía en D”s” - a Iosef, un célebre Tzadik que se mantuvo en la senda ética a pesar del entorno corrupto egipcio: “y no se dirigió a los arrogantes” - refiriéndose también a Iosef: por el hecho de haber recurrido a la ayuda del copero, permaneció (como castigo Celestial) dos ańos adicionales en la cárcel (Midrash, Shmot Rabá 7:1).
LOS SUEŃOS DEL FARAÓN
Transcurrieron dos ańos adicionales y el Faraón tuvo sus fatídicos sueńos en los que veía cómo las siete vacas flacas devoraban a las vacas gordas, y lo mismo sucedía - en el sueńo sucesivo - con las espigas raquíticas que se consumían a las espigas gruesas.
Los intérpretes del Faraón estaban perdidos: no sabían calmar la profunda angustia que provocaba la incertidumbre al rey.
En ese momento, al ver que el rey mostró estar totalmente insatisfecho por los análisis que le ofrecían los hechiceros, el copero recordó los dones de Iosef y se los hizo saber (aunque de manera muy despectiva) al Faraón que éste era experto en tema de sueńos.
El copero temía que el Faraón moriría de angustia - y posiblemente él sería reemplazado cuando entrara a gobernar el sucesor (Midrash, Bereshit Rabá 89:7).
El Faraón hizo caso omiso al desprecio del copero hacia Iosef. De inmediato, Iosef fue sacado de la cárcel, y dispuesto para presentarse ante el rey.
Antes de interpretar los sueńos del Faraón, Iosef le avisó que su supuesta habilidad no era propia, sino que simplemente “es D”s Quien responderá por el bienestar del Faraón” a través suyo.
Lejos de vanagloriarse por el don que lo destacaba, Iosef adscribió públicamente a D”s lo que Le corresponde, sin intentar beneficiarse personalmente con lo improcedente.
Dice el R. Jaim Shmuelevitz sz”l (Sijot Mussar 5732:12) que esta virtud fue la que más impresionó al Faraón, quien luego otorgó a Iosef el cargo de virrey y administrador de los alimentos y del tesoro real.
Iosef hizo saber al Faraón la gran responsabilidad que le incumbía como rey de la “primera potencia mundial”. D”s había indicado mediante el sueńo dos períodos de siete ańos muy contrastados que habrían de suceder de inmediato: un período de enorme hartura - y otro similar, de total escasez (la insuficiencia de pan - simbolizado mediante las espigas vacías - es mucho más grave, que la falta de carne - representada por las vacas flacas). La repetición del sueńo seńalaba la urgencia de la decisión a tomarse.
Ciertamente al Faraón - que era el único que podía reglamentarlo - Iosef le aconsejó que debía economizar y atesorar el excedente de los próximos ańos, a fin de suministrar esa comida durante los ańos difíciles.
Transcurrieron dos ańos adicionales y el Faraón tuvo sus fatídicos sueńos en los que veía cómo las siete vacas flacas devoraban a las vacas gordas, y lo mismo sucedía - en el sueńo sucesivo - con las espigas raquíticas que se consumían a las espigas gruesas.
Los intérpretes del Faraón estaban perdidos: no sabían calmar la profunda angustia que provocaba la incertidumbre al rey.
En ese momento, al ver que el rey mostró estar totalmente insatisfecho por los análisis que le ofrecían los hechiceros, el copero recordó los dones de Iosef y se los hizo saber (aunque de manera muy despectiva) al Faraón que éste era experto en tema de sueńos.
El copero temía que el Faraón moriría de angustia - y posiblemente él sería reemplazado cuando entrara a gobernar el sucesor (Midrash, Bereshit Rabá 89:7).
El Faraón hizo caso omiso al desprecio del copero hacia Iosef. De inmediato, Iosef fue sacado de la cárcel, y dispuesto para presentarse ante el rey.
Antes de interpretar los sueńos del Faraón, Iosef le avisó que su supuesta habilidad no era propia, sino que simplemente “es D”s Quien responderá por el bienestar del Faraón” a través suyo.
Lejos de vanagloriarse por el don que lo destacaba, Iosef adscribió públicamente a D”s lo que Le corresponde, sin intentar beneficiarse personalmente con lo improcedente.
Dice el R. Jaim Shmuelevitz sz”l (Sijot Mussar 5732:12) que esta virtud fue la que más impresionó al Faraón, quien luego otorgó a Iosef el cargo de virrey y administrador de los alimentos y del tesoro real.
Iosef hizo saber al Faraón la gran responsabilidad que le incumbía como rey de la “primera potencia mundial”. D”s había indicado mediante el sueńo dos períodos de siete ańos muy contrastados que habrían de suceder de inmediato: un período de enorme hartura - y otro similar, de total escasez (la insuficiencia de pan - simbolizado mediante las espigas vacías - es mucho más grave, que la falta de carne - representada por las vacas flacas). La repetición del sueńo seńalaba la urgencia de la decisión a tomarse.
Ciertamente al Faraón - que era el único que podía reglamentarlo - Iosef le aconsejó que debía economizar y atesorar el excedente de los próximos ańos, a fin de suministrar esa comida durante los ańos difíciles.
¿Quién sería el administrador?
EL VALOR DE LA LEALTAD
El Faraón no se equivocó: Iosef demostró ser honesto con los bienes del Faraón del mismo modo que ya había sido perfectamente fiel a Potifar y al carcelero.
Esto aparenta ser bastante simple. Sin embargo, en la vida real, se requiere mucha humildad y una absoluta creencia en D”s, para poder llegar a tal nivel.
Sin embargo, queremos creer por nuestra experiencia de vida, que el poder corrompe, aun al más justo. Iosef nos demostró que no es necesariamente así.
Administrar fondos ajenos, no es una ocupación que a los humanos nos resulte fácil de cumplir con honestidad. Iosef tuvo a todo el país (o a todo el mundo) en sus manos. Si no fuera por él, nadie hubiera tenido qué comer durante la hambruna generalizada.
Él salvó a todos de la muerte segura al interpretar correctamente los sueńos del Faraón y administrar eficientemente los recursos. żHabría algo que le impida beneficiarse de la situación?
El Faraón no se equivocó: Iosef demostró ser honesto con los bienes del Faraón del mismo modo que ya había sido perfectamente fiel a Potifar y al carcelero.
Esto aparenta ser bastante simple. Sin embargo, en la vida real, se requiere mucha humildad y una absoluta creencia en D”s, para poder llegar a tal nivel.
Sin embargo, queremos creer por nuestra experiencia de vida, que el poder corrompe, aun al más justo. Iosef nos demostró que no es necesariamente así.
Administrar fondos ajenos, no es una ocupación que a los humanos nos resulte fácil de cumplir con honestidad. Iosef tuvo a todo el país (o a todo el mundo) en sus manos. Si no fuera por él, nadie hubiera tenido qué comer durante la hambruna generalizada.
Él salvó a todos de la muerte segura al interpretar correctamente los sueńos del Faraón y administrar eficientemente los recursos. żHabría algo que le impida beneficiarse de la situación?
ANTE LOS HOMBRES Y ANTE D”S
Ahora, Iosef había pasado a ser el “hombre fuerte” de Egipto. El desafío de inmoralidad no se reducía a su acceso a todos los bienes de Egipto, sino también a la vida ligera que llevaban los habitantes del país.
En la bendición de Ia’acov a sus hijos, tenemos el testimonio de cómo las egipcias, para llamar su atención, literalmente le arrojaban sus joyas desde los balcones cuando aun en calidad de virrey, Iosef iba caminando con la cabeza baja para no responder a todos esos intentos de seducción.
El Talmud (Iomá 35:) nos dice que existieron varias personas que “comprometen” (demuestran que todo es cuestión de voluntad) en momentos del Juicio Celestial. Uno de ellos es Iosef. Cuando una persona se presenta al Tribunal Di-vino y, ante el cuestionamiento acerca de su vida promiscua quiere responder que su propia atracción física no le permitió controlar sus instintos, le responden: “żAcaso eras más atractivo que Iosef...?”
Iosef accedió así al puesto de virrey, desde donde - con el tiempo - pudo traer a su gran familia a Egipto y mantenerlos, proveyéndoles del alimento vital en los ańos de hambruna con los víveres que había bajo su responsabilidad.
żCómo sucedió esto?
Ahora, Iosef había pasado a ser el “hombre fuerte” de Egipto. El desafío de inmoralidad no se reducía a su acceso a todos los bienes de Egipto, sino también a la vida ligera que llevaban los habitantes del país.
En la bendición de Ia’acov a sus hijos, tenemos el testimonio de cómo las egipcias, para llamar su atención, literalmente le arrojaban sus joyas desde los balcones cuando aun en calidad de virrey, Iosef iba caminando con la cabeza baja para no responder a todos esos intentos de seducción.
El Talmud (Iomá 35:) nos dice que existieron varias personas que “comprometen” (demuestran que todo es cuestión de voluntad) en momentos del Juicio Celestial. Uno de ellos es Iosef. Cuando una persona se presenta al Tribunal Di-vino y, ante el cuestionamiento acerca de su vida promiscua quiere responder que su propia atracción física no le permitió controlar sus instintos, le responden: “żAcaso eras más atractivo que Iosef...?”
Iosef accedió así al puesto de virrey, desde donde - con el tiempo - pudo traer a su gran familia a Egipto y mantenerlos, proveyéndoles del alimento vital en los ańos de hambruna con los víveres que había bajo su responsabilidad.
żCómo sucedió esto?
LLEGAN LOS HERMANOS
Transcurrieron nueve ańos más: los siete de abundancia, y los dos primeros de hambruna. En esos dos ańos los hermanos habían venido a Egipto en busca de alimento, pero Iosef no se dio a conocer hasta tener la certeza que se habían resuelto las diferencias que los había dividido en el pasado.
Cuando finalmente se reencontraron, y felizmente Iosef podía reunir a toda su familia, aun así no envió los carros del gobierno para traer a su padre Ia’acov desde Cna’an, hasta que el Faraón mismo le ordenó que así lo hiciera.
żCómo sabría Ia’acov que Iosef era el mismo Iosef que había dejado, a pesar de vivir en medio del Egipto corrupto de entonces?
Más tarde, cuando le quiso enviar una prueba a Ia’acov que él, el gobernante de Egipto que parecía ser una persona de tanta dureza, era realmente Iosef, y que su vida espiritual permanecía intacta, le enseńó a sus hermanos el último tema que había estado estudiando con su padre: “Eglá Arufá” (el tema de la Torá que trata de un homicidio que no terminó de esclarecerse, y la consiguiente ceremonia de descargo de la ciudad más próxima al hecho). Recién cuando el padre vio esto (que Iosef permaneció en Egipto ˇˇ22 ańos!! sin corromperse), “revivió” el espíritu de Ia’acov y aceptó ir a ver a su hijo ańorado.
Transcurrieron nueve ańos más: los siete de abundancia, y los dos primeros de hambruna. En esos dos ańos los hermanos habían venido a Egipto en busca de alimento, pero Iosef no se dio a conocer hasta tener la certeza que se habían resuelto las diferencias que los había dividido en el pasado.
Cuando finalmente se reencontraron, y felizmente Iosef podía reunir a toda su familia, aun así no envió los carros del gobierno para traer a su padre Ia’acov desde Cna’an, hasta que el Faraón mismo le ordenó que así lo hiciera.
żCómo sabría Ia’acov que Iosef era el mismo Iosef que había dejado, a pesar de vivir en medio del Egipto corrupto de entonces?
Más tarde, cuando le quiso enviar una prueba a Ia’acov que él, el gobernante de Egipto que parecía ser una persona de tanta dureza, era realmente Iosef, y que su vida espiritual permanecía intacta, le enseńó a sus hermanos el último tema que había estado estudiando con su padre: “Eglá Arufá” (el tema de la Torá que trata de un homicidio que no terminó de esclarecerse, y la consiguiente ceremonia de descargo de la ciudad más próxima al hecho). Recién cuando el padre vio esto (que Iosef permaneció en Egipto ˇˇ22 ańos!! sin corromperse), “revivió” el espíritu de Ia’acov y aceptó ir a ver a su hijo ańorado.
UN EJEMPLO DE CORRECCIÓN
Y aun entonces, a pesar que el Faraón le dijo que todo “lo mejor de Egipto estaba a su disposición”, Iosef repartió la comida para su familia “de acuerdo a los bebés”. Ni más, ni menos.
Y cuando el Faraón le ofreció ubicar a los hermanos en posiciones de poder, Iosef se puso de acuerdo con ellos para evitar que eso ocurra. Sin duda, detrás de toda esta situación estaba la triste realidad que todos, tanto Iosef como el resto de la familia, se estaban sumiendo en el exilio que D”s le había vaticinado a Avraham en el pacto.
También ahí observamos que los hijos de Iosef no aprovecharon ningún beneficio por el hecho de ser hijos del gobernante y, a la hora de la verdad, fueron esclavizados junto con el resto de los descendientes de Ia’acov.
Y aun entonces, a pesar que el Faraón le dijo que todo “lo mejor de Egipto estaba a su disposición”, Iosef repartió la comida para su familia “de acuerdo a los bebés”. Ni más, ni menos.
Y cuando el Faraón le ofreció ubicar a los hermanos en posiciones de poder, Iosef se puso de acuerdo con ellos para evitar que eso ocurra. Sin duda, detrás de toda esta situación estaba la triste realidad que todos, tanto Iosef como el resto de la familia, se estaban sumiendo en el exilio que D”s le había vaticinado a Avraham en el pacto.
También ahí observamos que los hijos de Iosef no aprovecharon ningún beneficio por el hecho de ser hijos del gobernante y, a la hora de la verdad, fueron esclavizados junto con el resto de los descendientes de Ia’acov.
LOS ALUMNOS DE IOSEF
Iosef tuvo emulos que lo siguieron a través de toda la historia de nuestro pueblo. Notemos algunos ejemplos:
La Mishná nos cuenta en el tratado de Eduiot que Akavia ben Mahalalel disentía con el resto de los Sabios de su época en cuatro temas. Sin entrar a explicar aquellos cuatro puntos delicados de la ley que, como gran parte del Talmud, no se aplican en la vida cotidiana porque los casos no se dan fácilmente en la práctica, Akavia mantenía su posición frente a la de los demás debido a que era la que él había escuchado de parte de la mayoría de sus maestros en sus ańos de estudio anteriores. De acuerdo a la regla de la Torá, pues, siguió a la mayoría de la cual había aprendido Torá.
En su época, quedó vacante la posición de jefe del Bet Dín, sin duda un cargo de jerarquía en el cuerpo jurisdiccional del pueblo.
Conocido por su erudición y rectitud, los Sabios se le acercaron y le ofrecieron ser el nuevo Av Bet Din con la condición que se retractara de los cuatro puntos en discordia y se sumara a la opinión de los demás.
Akavia les contestó: “prefiero que me llamen ‘tonto’ (shoté) toda mi vida (por haber perdido esta oportunidad) y no ser ‘falso’ (rashá) por un instante delante del Todopoderoso - pues la interpretación de la gente será que cambié de opinión para llegar al poder”.
Esta era la honestidad de los Sabios del Talmud.
No obstante, sigue contando la Mishná, momentos antes de fallecer, indicó a su hijo que siga la opinión de sus adversarios de estudio y no la propia de él. En el caso de su hijo, ya la mayoría de los Sabios se inclinaba por la posición contraria de lo que había sido el núcleo de disidencia. (La idea, pues, no era empecinarse por perpetuar las posiciones propias). El hijo le pidió al padre que dejara instrucciones antes de fallecer para que sus colegas lo tomaran en cuenta (”¿acomodo”?), a lo cual el padre se negó rotundamente.
“¿Quizás encontraste en mí una conducta que no fuese idónea?” preguntó el hijo.
“En absoluto” - respondió el padre: “Ma’aseja iekarvuja, uma’aseja ierajakuja” ˇson tus propias acciones las que te acercarán y las que te distanciarán!
ˇQué lejos del mundo al que estamos acostumbrados!
Iosef tuvo emulos que lo siguieron a través de toda la historia de nuestro pueblo. Notemos algunos ejemplos:
La Mishná nos cuenta en el tratado de Eduiot que Akavia ben Mahalalel disentía con el resto de los Sabios de su época en cuatro temas. Sin entrar a explicar aquellos cuatro puntos delicados de la ley que, como gran parte del Talmud, no se aplican en la vida cotidiana porque los casos no se dan fácilmente en la práctica, Akavia mantenía su posición frente a la de los demás debido a que era la que él había escuchado de parte de la mayoría de sus maestros en sus ańos de estudio anteriores. De acuerdo a la regla de la Torá, pues, siguió a la mayoría de la cual había aprendido Torá.
En su época, quedó vacante la posición de jefe del Bet Dín, sin duda un cargo de jerarquía en el cuerpo jurisdiccional del pueblo.
Conocido por su erudición y rectitud, los Sabios se le acercaron y le ofrecieron ser el nuevo Av Bet Din con la condición que se retractara de los cuatro puntos en discordia y se sumara a la opinión de los demás.
Akavia les contestó: “prefiero que me llamen ‘tonto’ (shoté) toda mi vida (por haber perdido esta oportunidad) y no ser ‘falso’ (rashá) por un instante delante del Todopoderoso - pues la interpretación de la gente será que cambié de opinión para llegar al poder”.
Esta era la honestidad de los Sabios del Talmud.
No obstante, sigue contando la Mishná, momentos antes de fallecer, indicó a su hijo que siga la opinión de sus adversarios de estudio y no la propia de él. En el caso de su hijo, ya la mayoría de los Sabios se inclinaba por la posición contraria de lo que había sido el núcleo de disidencia. (La idea, pues, no era empecinarse por perpetuar las posiciones propias). El hijo le pidió al padre que dejara instrucciones antes de fallecer para que sus colegas lo tomaran en cuenta (”¿acomodo”?), a lo cual el padre se negó rotundamente.
“¿Quizás encontraste en mí una conducta que no fuese idónea?” preguntó el hijo.
“En absoluto” - respondió el padre: “Ma’aseja iekarvuja, uma’aseja ierajakuja” ˇson tus propias acciones las que te acercarán y las que te distanciarán!
ˇQué lejos del mundo al que estamos acostumbrados!
SER “BICHO RARO” NO ESTÁ MAL
¿Alguna vez se sintió afligido porque le parece que vive en un mundo corrupto o bajo un gobierno corrupto?
Es realmente triste que así ocurra. Quizás lo pueda solucionar, tal vez no. Pero sepa una cosa: La corrupción comienza… en casa. Mírese al espejo. Todos podemos y tenemos mucho por corregir. Y en ese sentido, es cuestión de voluntad.
El Rav Ia’acov de Lisa escribió en el testamento a sus hijos que en caso de una duda por algún tema que se relacione con dinero, siempre se dirijan a una autoridad rabínica y nunca lo decidan por su propia cuenta...Siendo él joven, invirtió el dinero que le habían dado como dote, poniéndolo en manos de un hábil comerciante. Poco después, éste se lo devolvió pues vio que estaba por quebrar. R. Ia’acov, no quiso quedarse con los fondos al advertir que había otros acreedores a quienes no se les devolvería la totalidad de su dinero. Por lo tanto, insistió en quedarse únicamente con la pequeńa fracción que le correspondía dentro de la quiebra...
Hasta el día de hoy, cuando bendecimos a nuestros hijos, decimos el mismo texto que Ia’acov pronunció sobre sus nietos, los hijos de Iosef: “...Que D”s Te coloque como Efraim y como Menashé”.
Estos hijos de Iosef, en una tierra y en un ambiente totalmente antítesis de las enseńanzas que habían conocido sus primos de Cna’an, fueron criados con la misma educación dignos de llamarse nietos de Ia’acov, o aun más, convertirse, como los mismos hijos de Ia’acov, en progenitores de dos de las tribus de Israel. Esto habla de una dedicación y un ejemplo que sólo Iosef pudo darles.
Daniel Oppenheimer
¿Alguna vez se sintió afligido porque le parece que vive en un mundo corrupto o bajo un gobierno corrupto?
Es realmente triste que así ocurra. Quizás lo pueda solucionar, tal vez no. Pero sepa una cosa: La corrupción comienza… en casa. Mírese al espejo. Todos podemos y tenemos mucho por corregir. Y en ese sentido, es cuestión de voluntad.
El Rav Ia’acov de Lisa escribió en el testamento a sus hijos que en caso de una duda por algún tema que se relacione con dinero, siempre se dirijan a una autoridad rabínica y nunca lo decidan por su propia cuenta...Siendo él joven, invirtió el dinero que le habían dado como dote, poniéndolo en manos de un hábil comerciante. Poco después, éste se lo devolvió pues vio que estaba por quebrar. R. Ia’acov, no quiso quedarse con los fondos al advertir que había otros acreedores a quienes no se les devolvería la totalidad de su dinero. Por lo tanto, insistió en quedarse únicamente con la pequeńa fracción que le correspondía dentro de la quiebra...
Hasta el día de hoy, cuando bendecimos a nuestros hijos, decimos el mismo texto que Ia’acov pronunció sobre sus nietos, los hijos de Iosef: “...Que D”s Te coloque como Efraim y como Menashé”.
Estos hijos de Iosef, en una tierra y en un ambiente totalmente antítesis de las enseńanzas que habían conocido sus primos de Cna’an, fueron criados con la misma educación dignos de llamarse nietos de Ia’acov, o aun más, convertirse, como los mismos hijos de Ia’acov, en progenitores de dos de las tribus de Israel. Esto habla de una dedicación y un ejemplo que sólo Iosef pudo darles.
Daniel Oppenheimer
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